“EL INVIERNO QUE TOMAMOS CARTAS EN EL ASUNTO”


   Si nunca han leído una novela epistolar, “El invierno que tomamos cartas en el asunto” es un excelente título para comenzar a hacerlo, y es que la obra es encantadora, no lo digo solo por sus entrañables personajes y las múltiples referencias literarias que incluye, sino porque, por un lado, nos muestra que las pequeñas acciones además de tener un gran valor, son capaces de cambiar la vida de los demás; y, por otro, refleja la realidad: muchos puestos de trabajo están en riesgo debido a los avances tecnológicos.

   El libro comienza con una amarga noticia, la oficina de correos de un pueblo llamado Porvenir está a punto de cerrar debido a que ya nadie escribe cartas; como consecuencia, Sara, la única cartera del lugar, será trasladada a la ciudad, con lo que ella y sus tres hijos se verán obligados a mudarse y dejar todo lo que conocen atrás. Por suerte, esta madre trabajadora ha sabido ganarse el cariño de la comunidad, en especial el de Rosa, una octogenaria que no está dispuesta a quedarse con los brazos cruzados ante la posibilidad de que reubiquen a su querida amiga.

  Dado que el problema es la falta de correspondencia, la anciana decide escribir en secreto una carta cuyo contenido guardó en su interior por más de 60 años, una misiva con la que además de intentar saldar una deuda personal, busca incentivar a la gente para que también haga uso del correo; ¿cómo? Pidiéndole al receptor que redacte una carta anónima a otro habitante de Porvernir y que éste, a su vez, haga lo propio con el fin de que se forme una cadena tan larga que sea capaz de mantener abierta la oficina de correos local, algo que evidentemente evitaría la partida de Sara; no obstante, para que esto suceda, todos tienen que poner un granito de arena, empezando por una joven que acaba de llegar al pueblo con sus propios problemas.

   La trama por sí sola es cautivadora, pero la forma en la que la autora nos la transmite es aún mejor; y es que los lectores conocemos a profundidad a los personajes gracias a las cartas que ellos mismos escriben; leemos sobre su pasado, sus miedos, anhelos, triunfos, fracasos y añoranzas porque ellos se están “desnudando” frente a una hoja en blanco a la que nosotros tenemos acceso.

   Aunado a lo anterior, también somos testigos de un par de historias de amor, de potenciales amistades y de una vieja relación que, curiosamente, se ve beneficiada por la misma tecnología que ha puesto en riesgo el trabajo de Sara.

   “El invierno que tomamos cartas en el asunto” es una novela esperanzadora, una trama que expone lo que la solidaridad puede lograr; en resumen, una bella historia cuya lectura realmente se disfruta, más aún si se tiene inclinación hacia las letras; sin embargo, debo decir que hubo un detalle que no me quedó claro, y de hecho sigo sin comprender si fue intencional o no, ¿cuál es? Resulta que en uno de los capítulos se menciona la canción “Somos novios”, quienes la han escuchado probablemente sepan que la escribió Armando Manzanero, y ese es precisamente el punto, el autor, pues en la novela uno de los personajes comenta que el nombre del famoso compositor es Antonio; por un momento pensé que más adelante, como parte de la trama, alguien le haría notar el error, pero no fue así, de manera que ahora que he terminado de leer el título sigo preguntándome si se trató de un fallo, e incluso, si en todas las ediciones aparece de la misma manera. Salvo esta incógnita, la prosa de Ángeles Doñate me dejó un buen sabor de boca, especialmente porque me recordó lo que escribir y/o recibir una carta puede significar para una persona.


Título: “El invierno que tomamos cartas en el asunto”

Autor: Ángeles Doñate

Editorial: B de bolsillo


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