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EL PLACER DE ENTENDERLO TODO

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   Imagina que estás leyendo una carta antigua; las líneas son claras, captas la idea general, pero entre más avanzas, mayor es la sensación de que algo se te escapa. Mientras intentas descifrar el verdadero sentido del mensaje, descubres que al margen de las hojas alguien incluyó notas explicando los fragmentos que te impedían comprender el texto en su totalidad. Bueno, pues en la industria del libro eso sería el equivalente a una edición anotada , un tipo de publicación que integra apuntes cuyo fin es ayudar a los lectores a aclarar e interpretar el contenido de las obras, información que el escrito por sí solo no revela: contexto histórico, referencias culturales, semblanzas de personajes, significado de términos en desuso, etc.     Tomando en cuenta lo anterior, se puede concluir que estas ediciones, al reducir las ambigüedades y profundizar en el contenido, ofrecen una visión más amplia de las obras, de ahí que muchos las consideren una versión enriquecida...

¿QUIÉN INVENTÓ EL CORRECTOR?

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   Hubo una época en la que cometer un error al escribir era un dolor de cabeza que implicaba desperdiciar tiempo, tinta y papel; este problema, bastante común en las oficinas, no parecía interesar a nadie hasta que en los años 50 Bette Nesmith Graham aceptó trabajar pintando escaparates para ganar dinero extra. ¿Cuál es la relación? Pues resulta que un buen día, mientras desempeñaba sus tareas, la diseñadora y mecanógrafa estadounidense se dio cuenta de que los artistas no corregían sus errores borrando, sino pintando sobre ellos, así que con eso en mente volvió a casa y combinó un poco de pintura blanca con agua, una mezcla que llevó al trabajo para ponerla a prueba en sus textos empleando un pequeño pincel; como sucede en la mayoría de las oficinas, pronto se corrió la voz de lo que estaba haciendo y, entonces, sus compañeros empezaron a pedirle frascos de aquel líquido.    Confiando en el potencial de su creación, la mujer, que en un principio llamó al producto “...

DE LA ADMIRACIÓN AL RECHAZO

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   En junio de 1857, Hans Christian Andersen viajó a Inglaterra con el fin de visitar a Charles Dickens . Los escritores, que hacía una década habían coincidido en un evento en Londres y mantenían una relación cordial por correspondencia, no eran precisamente amigos, pero como dictaban las convenciones sociales de la época, alguna vez el inglés le comentó a su colega que si volvía al país sería bien recibido en su casa; aquello más que una invitación formal era una cortesía británica, sin embargo, el danés no lo entendió así.    Víctima de sus propias palabras, Dickens no tuvo más remedio que recibirlo, pero lo que Andersen veía como unas vacaciones idílicas, terminó convirtiéndose en un auténtico calvario para sus anfitriones. ¿Por qué? En primer lugar, el autor de “El patito feo” y “La sirenita” hizo acto de presencia justo cuando los Dickens atravesaban una crisis matrimonial; en segundo, lo que en un principio sería una breve estancia, se extendió por cinco sema...

LOS HIPOCORÍSTICOS

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   Los hipocorísticos son variantes afectivas de los nombres propios, por ejemplo, llamar "Anita" a Ana, "Charo" a Rosario o "Beto" a Alberto. ¿Son lo mismo que los diminutivos y los apodos? Siendo estrictos, no, porque si bien los hipocorísticos pueden ser diminutivos, como en el caso de "Carlitos" o "Juanita", existen muchos otros que no entran en dicha categoría, como "Fer" o "Santi", que se construyen mediante acortamientos; y, "Goyo" o "Pepe", cuyo origen es la transformación fonética. En la misma línea, tampoco se les considera apodos, esto, debido a que los hipocorísticos son formas cariñosas de llamar a una persona basándose en su nombre, mientras que los apodos no solo pueden ser irónicos o burlones, sino que a menudo hacen referencia a características físicas, rasgos de la personalidad e, incluso, anécdotas, como sucede con "El Zurdo", "El Listo" o "El Rayo...

EL LADRÓN DE LIBROS MÁS PROLÍFICO

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    Stephen Blumberg ostenta el récord Guinness del ladrón de libros más prolífico de la historia, y es que se estima que el estadounidense, quien supuestamente desarrolló en la infancia una especie de compulsión por coleccionar títulos, robó al menos 23,600 ejemplares de alto valor de diferentes bibliotecas y museos de América del Norte entre 1970 y 1990.    Blumberg, cuyos hurtos se calcularon en 5.3 millones de dólares de aquellos años, terminó siendo atrapado luego de que un amigo que buscaba una jugosa recompensa lo delatara; y, aunque por sus actos fue condenado a pasar tiempo tras las rejas y pagar una multa, una vez liberado retomó sus viejos hábitos, lo que lo llevó a entrar y salir de prisión en varias ocasiones.  

DUDA RESUELTA

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   Si bien no hay evidencia que respalde esta historia y muchos la consideran un mito, cuentan por ahí que tras la publicación de “Los miserables” en 1862, Víctor Hugo , quien por aquel entonces se encontraba exiliado en la isla de Guernsey, estaba ansioso por conocer el desempeño de la obra en el mercado, un sentimiento comprensible si se considera que las expectativas eran enormes, y no solo por el prestigio del autor, sino porque el público desconocía totalmente la trama antes de que saliera a la venta debido a que el dramaturgo prohibió a su editorial que difundiera sinopsis o adelantos del contenido, algo bastante inusual en la época.    Tomando en cuenta las circunstancias, Víctor Hugo optó por resolver su duda a través de un telegrama en el que solo incluyó un signo de interrogación. El mensaje, dirigido a su editor, pronto recibió respuesta: un signo de exclamación que indicaba que la novela estaba siendo un rotundo éxito.    Mito o no, lo cierto ...

¿ERRATA O FALTA DE ORTOGRAFÍA?

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   En el mundo de la edición existen dos tipos de desastres: la errata y la falta de ortografía , y es que es innegable que ambas pueden empañar un texto, en especial si son demasiadas; sin embargo, aunque a veces es difícil distinguir una de la otra, lo cierto es que son fallas de distinta naturaleza.    La primera, es decir, la errata , tiene su origen en un acto involuntario, por ejemplo, pulsar la tecla equivocada, omitir una letra o duplicar palabras, básicamente, un desliz tipográfico que no se atribuye a la formación de quienes están involucrados en el proceso; dicho de otra manera, se trata de un error en la ejecución, por lo que considerando que nadie es infalible, es común que algunas erratas sobrevivan a todas las revisiones, de ahí que sea poco usual encontrarse con un libro que no tenga al menos un par.    La falta de ortografía , por el contrario, sí implica una genuina confusión respecto a las normas establecidas, ya que no obedece a un desc...