Si nunca han leído una novela epistolar , “El invierno que tomamos cartas en el asunto” es un excelente título para comenzar a hacerlo, y es que la obra es encantadora, no lo digo solo por sus entrañables personajes y las múltiples referencias literarias que incluye, sino porque, por un lado, nos muestra que las pequeñas acciones además de tener un gran valor, son capaces de cambiar la vida de los demás; y, por otro, refleja la realidad: muchos puestos de trabajo están en riesgo debido a los avances tecnológicos. El libro comienza con una amarga noticia, la oficina de correos de un pueblo llamado Porvenir está a punto de cerrar debido a que ya nadie escribe cartas; como consecuencia, Sara, la única cartera del lugar, será trasladada a la ciudad, con lo que ella y sus tres hijos se verán obligados a mudarse y dejar todo lo que conocen atrás. Por suerte, esta madre trabajadora ha sabido ganarse el cariño de la comunidad, en especial el de Rosa, una octogenaria...