¿UNA BIBLIOTECA SIN MUJERES?
T. M. Zink, un profesional de la
abogacía que falleció en 1930 se aseguró de que su testamento reflejara el
inusual rechazo que le producían las mujeres, un sentimiento que de acuerdo a
dicho documento estaba motivado por experiencias personales y estudios que él
mismo había realizado sobre el tema basándose en la literatura y la filosofía.
Así, de los miles de dólares que
poseía al momento de su muerte, decidió dejar únicamente cinco a su hija y ni
un solo centavo a su esposa. ¿Cuál fue el destino del resto del dinero? Bueno,
pues la intención de este hombre era crear un fideicomiso con su fortuna para
que pasados 75 años se empleara para fundar la Biblioteca Zink, un espacio en
el que las mujeres estarían excluidas abiertamente mediante una leyenda grabada
en piedra en la que constara que se prohibía su entrada. Aunado a lo anterior,
también estipuló que dentro de aquel lugar no podría haber libros, revistas o
artículos que fueran obra de una mujer, ni tampoco decoraciones que de alguna
forma se asociaran con el sexo femenino.
Entonces, ¿existe la biblioteca?
La respuesta es no, y la razón es muy simple, la familia impugnó el testamento
y ganó.

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