ESCRITORES FANTASMA
Un escritor fantasma o
ghostwriter es un profesional de las letras que es contratado para redactar
parcial o totalmente, entre otras cosas, comunicados, discursos, artículos y
libros que se acreditan oficialmente a un tercero, por ende, no solo debe
escribir bien, sino ser capaz tanto de replicar el estilo, la voz y la
perspectiva de su cliente —muletillas, ritmo, vocabulario, tono, etc.— como de
estructurar una historia coherente a partir de la información que recibe. Esta práctica,
que suele producir controversia por cuestiones de mérito y transparencia, es
bastante antigua y común en la industria editorial, prueba de lo anterior es
que se sabe que autores célebres, como Alejandro Dumas (padre), recurrían a este
tipo de “colaboradores” para poder mantener el ritmo de sus publicaciones.
¿Quién acuñó el término? Aunque
en la Francia del siglo XVIII esta figura ya se conocía como “negro literario”, la palabra ghostwriter se le atribuye a Christy Walsh,
agente deportivo estadounidense que al percatarse de que las grandes estrellas
del béisbol atesoraban historias fascinantes que no podían compartir porque
carecían de la habilidad, el tiempo o el interés para plasmarlas en papel,
fundó un sindicato de escritores fantasma. ¿Qué tiene que ver el deporte con la
escritura? Pues resulta que para capitalizar la fama de los jugadores, Walsh
recurrió a un grupo de profesionales para que redactara columnas y biografías que
se les atribuían a los atletas, una maniobra que hizo que la práctica de escribir
para otras personas dejara de ser un “secreto a voces” para convertirse en una
pieza clave dentro de la industria editorial. ¿Por qué llamó a su equipo
ghostwriters? Porque quienes aceptan desempeñar esta labor saben de antemano
que no serán acreditados como los autores de las obras, es decir, son
conscientes de que ellos realizarán todo el trabajo desde las sombras para que
alguien más lo firme como propio, y se lleve el reconocimiento.
Ahora, cabe mencionar que aunque para
los escritores fantasma el anonimato sigue siendo la norma, con el paso de los
años su aporte se ha visibilizado más y más, de ahí que en algunas ocasiones
aparezcan en las publicaciones como asistentes de investigación, colaboradores
e, incluso, coautores.

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