¿UNA BIBLIOTECA SIN MUJERES?
T. M. Zink, un profesional de la
abogacía que falleció en 1930 se aseguró de que su testamento reflejara el
inusual rechazo que le producían las mujeres, un sentimiento que de acuerdo a
dicho documento estaba motivado por experiencias personales y estudios que él
mismo había realizado sobre el tema basándose en la literatura y la filosofía.
Así, de los miles de dólares que
poseía al momento de su muerte, decidió dejar únicamente cinco a su hija y ni
un sólo centavo a su esposa. ¿Cuál fue el destino del resto del dinero? Pues la
intención de este hombre, nacido en Estados Unidos, era crear un fideicomiso
con su fortuna para que pasados 75 años se empleara para fundar la Biblioteca
Zink, un espacio en el que las mujeres estarían excluidas abiertamente mediante
una leyenda grabada en piedra en la que constara que se prohibía su entrada, lo
que implicaba negarles formar parte del personal y hacer uso de los servicios. Aunado
a lo anterior, también estipuló que dentro de aquel recinto, que según sus
deseos debía ubicarse en Le Mars, Iowa, no podría haber libros, revistas o
artículos que fueran obra de una mujer, ni tampoco decoraciones que de alguna
forma se asociaran con el sexo femenino.
Entonces, ¿existe la biblioteca?
La respuesta es no, y la razón es muy simple, la familia impugnó el testamento
y ganó.

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