EL CASTILLO DE DRÁCULA

 


   En 1897 Bram Stoker publicó "Drácula", libro cuyo antagonista es un vampiro que vive en un remoto castillo en Transilvania. ¿A dónde voy con esto? Pues a que justo en esa región de Rumania se encuentra el castillo de Bran, lugar que suele asociarse a la leyenda de Drácula, y es que hay quienes creen que el escritor irlandés no solo se inspiró en él para ambientar su famosa novela, sino en Vlad “El empalador”, príncipe de Valaquia asociado a la edificación que firmaba sus documentos como "Ladislao Drácula, gobernante de las regiones transalpinas”, rúbrica en la que 'Drácula' alude a que era hijo de drácul, sobrenombre que recibió su padre tras ser admitido en la Orden del Dragón.

   Considerando lo anterior, es comprensible que los lectores relacionen ambos castillos, no obstante, los estudiosos del tema señalan que más que una conexión histórica, se trata de un mito alimentado por el imaginario popular, mito que posteriormente fue aprovechado con fines turísticos, pues todo indica que el autor jamás estuvo en la zona y que su castillo es simplemente un lugar ficticio situado en un escenario real que, siendo estrictos, no concuerda con el de Bran, de hecho, algunos apuntan a que la fortaleza de Poenari sería más cercana a la descripción del paisaje en la obra, aunque tampoco coincide en la ubicación.

   En la misma línea, las notas del propio Stoker demuestran que durante el proceso de creación modificó varios elementos de la trama, entre ellos, el nombre del antagonista, que en un principio no era Drácula, sino el conde Wampyr; sin embargo, tomando en cuenta que descubrió la palabra  en el libro “Un relato de los principados de Valaquia y Moldavia” de William Wilkinson poco antes de la publicación de la novela, cabe la posibilidad de que conociera la biografía de Vlad, aunque eso no equivale a decir que basó su personaje en él.





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